El destino tiene dos maneras de herirnos :
negándose a nuestros deseos... o cumpliendo los de él.
Sin embargo, podemos rehusar a aceptarlo tal y como se nos presenta.
Desde aquellos primeros días de la razón,
he sido un espectador de la vida.
A veces, mirando al mundo girar
desde mi dócil pesadumbre pueblerina.
Tantas otras,
observándolo desde el lugar reservado a las águilas;
elocuente, transgresor, actor o simplemente un soñador.
Sin embargo,
si vuelvo al pasado trayendo recuerdos a mi mente vaga,
solo llegan hasta ella los momentos de audacia,
con algún esfuerzo logro capturar la chatura rutinaria.
Con todo, de cada cosa aprendí algo,
todo conspiró, vista, razón y omisión...
para construir la persona que soy.
Me modelaron del sutil modo
que tienen los artistas desde sus dones,
o a golpes de chocar con las formas
con que los paradigmas modelan las razones...
Del modo en que viví,
del modo en que siga viviendo
y del modo en que algún día muera,
seguiré pensando que ese es el sentido de mi vida,
a veces la docilidad, a veces la rebeldía.
Más, si por los errores y aciertos cometidos,
pudiera llevarme al más allá un trozo de acá,
elegiría el amor y el odio,
porque ambos,
como la docilidad y la rebeldía,
serán mis extremos en vida.
En ese viaje final pondría ...
de un lado a la persona que hice feliz hasta los huesos con mi hidalguía,
del otro, a quien mortifiqué en lo profundo del alma con mi cobardía.
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