domingo, 17 de enero de 2010

Docilidad y rebeldía

El destino tiene dos maneras de herirnos :

negándose a nuestros deseos... o cumpliendo los de él.

Sin embargo, podemos rehusar a aceptarlo tal y como se nos presenta.

Desde aquellos primeros días de la razón,

he sido un espectador de la vida.

A veces, mirando al mundo girar

desde mi dócil pesadumbre pueblerina.

Tantas otras,

observándolo desde el lugar reservado a las águilas;

elocuente, transgresor, actor o simplemente un soñador.

Sin embargo,

si vuelvo al pasado trayendo recuerdos a mi mente vaga,

solo llegan hasta ella los momentos de audacia,

con algún esfuerzo logro capturar la chatura rutinaria.


Con todo, de cada cosa aprendí algo,

todo conspiró, vista, razón y omisión...

para construir la persona que soy.

Me modelaron del sutil modo

que tienen los artistas desde sus dones,

o a golpes de chocar con las formas

con que los paradigmas modelan las razones...

Del modo en que viví,

del modo en que siga viviendo

y del modo en que algún día muera,

seguiré pensando que ese es el sentido de mi vida,

a veces la docilidad, a veces la rebeldía.

Más, si por los errores y aciertos cometidos,

pudiera llevarme al más allá un trozo de acá,

elegiría el amor y el odio,

porque ambos,

como la docilidad y la rebeldía,

serán mis extremos en vida.

En ese viaje final pondría ...

de un lado a la persona que hice feliz hasta los huesos con mi hidalguía,

del otro, a quien mortifiqué en lo profundo del alma con mi cobardía.

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