miércoles, 7 de abril de 2010

DOMINIO

El mar tiene hambre de batalla,


se contrae y toma las fuerzas de sus brazos


que lo ayudan a expandirse,


y lo hace,


y desgasta la tierra que lo contiene.


Nunca se cansa, cada segundo de su inmensidad


lo invierte,


como una hormiga obrera transporta su alimento


dominadas por su naturaleza creadora.


Y en los vértices de sus formas,


la temperatura se calienta,


se fusionan las energías agua-tierra,


es un renacimiento constante.

Testifican congraciadas las plantas,


que se amontonan unas sobre otras reproduciéndose


sin tapujos.


Y planean las aves,


que reflejan una plegaria que se posa


en el paralelo de dos mundos.


Y el viento es el sonidista privilegiado,


es el nexo que nos comunica y guía hacia las sensaciones


más antiguas de los seres vivientes.


Y nace una fracción de paz,


que se consagra


en el ojo humano que lo vigila.

No hay comentarios:

Publicar un comentario