domingo, 11 de abril de 2010

De Fernando António Nogueira Pessoa

Las cuatro paredes de mi cuarto son para mí, al mismo tiempo, celda y distancia, cama y ataúd. Mis horas más felices son aquellas en que no pienso nada, no quiero nada, ni sueño querer, perdido en un torpor de vegetal equivocado, de mero musgo que creciese en la superficie de la vida. Disfruto sin amargor de la conciencia absurda de no ser nada, el antesabor de la muerte y del apagamiento.

3 comentarios:

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  2. ejejej asi es.... pero en la vida uno se direcciona constantemente entre los vertices que dictaminan la felicidad y la tristeza, como dos polos intrisecamente dependientes, mientras uno entra en vigencia, necesariamente el otro yace bajo la superficie, aguardando el momento exacto para despertarse de su siesta.

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